domingo, 18 de abril de 2021

La hora del almuerzo




 La hora del almuerzo

Autor: Collivadino, Pío
(Argentina, Buenos Aires, 1869 - Argentina, Buenos Aires, 1945)

Origen: Collivadino, Pio (Roma)
Fecha: 1903
Período: Arte Siglo XIX (1800-1910)
Escuela: Argentina S.XX
Técnica: Óleo
Objeto: Pintura
Estilo: académico, realismo
Género: social, costumbres, salón
Soporte: Sobre tela
Medidas: 160,5 x 252 cm.

​La hora del almuerzo (Ora di pranzo) presenta una escena de trabajo urbano despojada de la intención crítica y el dramatismo que caracterizaron el género en la pintura naturalista de fines del siglo XIX: un grupo de siete obreros de la construcción comparte un momento de descanso en diversas actitudes: unos abstraídos, otros conversando e intercambiando bromas. Con pinceladas sueltas y toques de luz brillante en las manchas de cal, la composición presenta un grupo de tipos populares contemporáneos, de diferentes edades, con particular detenimiento en el estudio de las diversas fisonomías.

El cuadro representa una importante inflexión en la obra de Pío Collivadino en Italia, donde residía desde 1890. Tras su visita a la Exposición Universal de París en 1900, luego de ocho años de estudio en el Reale Istituto di Belle Arti de Roma, recibió el impacto de la “pintura moderna” francesa. Se hallaba en ese momento terminando un cuadro de tema bíblico: Caín, del cual se habían publicado algunas fotografías en la prensa de Buenos Aires. A su regreso a Italia, abandonó la pretensión de componer escenas de “gran asunto” para encarar obras contemporáneas, sin motivos trascendentes. La hora del almuerzo fue su segundo envío a la Bienal de Venecia. En 1901 había sido aceptado con su díptico Vita onesta (adquirido por la Galleria Marangoni de Udine, donde hoy se encuentra en la Galleria d’Arte Moderna): un oscuro cuadro de miseria urbana, a tono con la crítica social naturalista. En 1903, Ora di pranzo aparece como un nuevo cambio de rumbo respecto de aquel. El cuadro había sido rechazado por el jurado de admisión de Venecia, pero fue expuesto junto a las obras de otros 36 pintores y tres escultores en una sala aparte (K) como parte de una segunda selección de obras no admitidas, tras la polémica suscitada a raíz de la gran cantidad de rechazos en esa quinta edición de la Bienal (1).
Lejos de la dramática narratividad de su envío anterior a Venecia, La hora del almuerzo parece un cuadro “sin motivo”, en el que prevalece el tratamiento formal de la refracción de la luz sobre los blancos y el efecto deslumbrante del sol sobre el pozo de cal. Pero resulta evidente que no fue esta la única intención del artista. Se trata de un cuadro de tema obrero, aunque en buena medida despojado de connotaciones conflictivas. Una de las críticas que recibió en 1903 destacó este aspecto, así como el gesto ambiguo del personaje en el primer plano, que fue interpretado como el único “desconforme”: “[…] en sus rostros no se transparenta aspereza alguna hacia el capital para el cual levantan día tras día el edificio: salvo aquél que está en mayor evidencia en primer plano del cuadro y que muerde su panecillo relleno dirigiendo su mirada hacia el porvenir con una cierta resignada amargura por su presente, todos los otros charlan alegremente y algunos se iluminan con una bella y franca risotada que refleja la íntima satisfacción de quien sabe que está ganándose el pan y puede engullirlo sin remordimientos, con el solo deseo modesto y legítimo de no tener más que luchar para tenerlo cada día. […] Collivadino, quien en la exposición de 1901 con su Vita onesta se anunciaba con una bella promesa, ha sido admirablemente fiel a aquélla, y tiene en el juicio unánime del público la más merecida reparación por el veredicto incomprensible del cual su obra ha sido objeto” (2).
En Buenos Aires, en junio de 1903, el diario La Prensa publicó una foto del cuadro junto a un comentario elogioso que obviaba el episodio de su rechazo e incluso sugería que si el pintor hubiera sido italiano la obra habría sido adquirida para el gobierno. Ese mismo año Eduardo Schiaffino, entonces director del MNBA, incluyó La hora del almuerzo en su selección de obras para el envío argentino a la Louisiana Purchase Exposition de 1904, donde la obra obtuvo una medalla de oro. Dos años más tarde, el mismo Schiaffino la adquirió para el Museo con fondos del gobierno.
Esa particular mirada “desde adentro” al mundo del trabajo que aparece en La hora del almuerzo fue una constante en la obra posterior de Collivadino, hijo de una familia de inmigrantes dedicados a la construcción, dueña de una carpintería de obra en el barrio de Barracas. Muchas veces, como en Usina (ca. 1910) o en sus numerosas escenas del puerto de Buenos Aires, representó el mundo del trabajo sin intención crítica ni asomo de conflicto. Hubo sin embargo, en sus numerosos paisajes urbanos de Buenos Aires, una mirada puesta en los violentos contrastes entre los diferentes aspectos del “progreso” (elevadores del puerto, las calles y avenidas céntricas, los edificios en altura) y las barriadas suburbanas, humildes, con calles de barro, faroles a gas y viviendas en construcción.

por Laura Malosetti Costa

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